01 mayo 2007

Bocinas alucinógenas

Es un nuevo día en el que temprano por la mañana me topo con el invento del futuro: las bocinas. Pero ¿qué tienen de futuristas? Ahora viene lo bueno, lo cibermágico. ¿Qué tal si a las conocidas bocinas les agregamos el concepto de desnaturalizadoras? Esto ya suena más futurista: bocinas desnaturalizadoras.
Este innovador invento me lo he topado en la gran mayoría de los vehículos motorizados, encontrando una amplia gama de olores y sabores, algo así como la gelatería de las bocinas, desde algunas muy roncas como la de los camiones, hasta otras con singulares melodías como “la cucaracha”.
Este sofisticado sistema se encuentra inserto en la mayoría de los volantes de los sórdidos vehículos motorizados, representado por un pequeño botón diseñado para aceptar la presión del primero de los diez dedos manuales en recibir el impulso nervioso, proveniente de las grises y estresadas neuronas de los señores conductores. Como no todo invento es perfecto y mucho menos los destinados al rubro automotriz, este minúsculo botón suele aceptar, sin dudarlo mucho (en realidad es un aparato, así que, qué va a dudar), no sólo ser accionado por los dedos, sino que también por cualquier certero golpe proveniente del puño del sulfurado conductor. Ahora bien, he detectado casos en que el golpe ha sido demasiado fuerte, logrando dejar pegada la bocina, causando un ruido continuo y a la vez un placer indescriptible para el chofer, ya que la tendencia marca una absoluta resistencia a apretar una sola vez el botoncito, como lo indican datos del Bombin Institute.
Esta bocina está conectada con un complejo sistema sociológico anticiclistas, que además presenta las increíbles características de desnaturalizar bicicletas, con todo ser montado sobre ella.
Este aparato se usa principalmente en las horas punta, después de unas agradables jornadas laborales. Al parecer la gente ve en ellos la forma de descargar la impotencia contenida durante el día, después de resignarse en un continuo abuso de poder hacia ellos sumado a un deficiente sistema de transportes.
Muchas veces en que un conductor se ha topa con un ciclista, no duda en utilizar este sodómico aparato. Lo presiona disparando a mansalva un poderoso rayo acústico que debiera tener los efectos de desnaturalizarlo. Sin embargo, el problema surge cuando por casualidades del destino, no lo logra. Es en ese momento cuando el ciclista debe ingeniárselas para desaparecer de algún modo, ya que de otra forma será atropellado.
Este invento ya forma parte del colectivo automotriz, los conductores alucinan con sus efectos apretando y acelerando en forma automática, transformándose en una verdadera adicción.
Pero seamos honestos, este invento sólo está en los oscuros deseos de las mentes estresadas de los conductores, por lo que mientras no nos logren desnaturalizar de verdad, espero que se aburran de usar sus angustiosas bocinas seudodesnaturalizadoras, ya que los ciclistas seguiremos delante de los conductores por más bocinazos que nos lleguen.
No olviden que la libertad no se abre paso tocando bocinas, sino que pedaleando!

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